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jueves, 13 de febrero de 2014

¡Llego la rebelión!



La juventud venezolana está destinada a darle frente a un régimen que ha demostrado en la práctica las acciones más reaccionarias y fascistas. La rebeldía natural de la juventud nos permite un accionar desprendido de nuestros intereses individuales y forjamos uno colectivo que es en pro de los intereses inmediatos de la clase obrera, de los pobres, de la sociedad venezolana, de los jóvenes sumergidos al atraso con un régimen dependiente de la producción extrajera, y con un modelo neoliberal del sistema económico donde los ricos son más ricos y los pobres son más abandonados.

Como no exigir a los dirigentes juveniles, estudiantiles y políticos capacidad en la lucha por la defensa de la democracia, de la vida, del futuro que hoy es asesinado vilmente en las calles de nuestro país. Este pronunciamiento va dirigido a cada joven universitario, joven obrero, joven madre o padre, joven bachiller, a no doblegar jamás nuestra convicción de futuro, y solo si nos organizamos, si propagamos nuestros proyectos de cambio y de progreso, si agitamos y sumamos cada vez más hombres y mujeres dispuestos a transformar esta sociedad injusta, sin miedo ni condiciones del régimen ya desgastado seguramente tendremos un futuro mejor. Ser estudiante es una responsabilidad con el país y ser estudiante y estar al margen de los problemas de nuestro pueblo seria la entrega de todo principio.

El día de la Juventud hace ya un tiempo considerable no celebra victorias si no que se ve con mayor atraso gracias a la improductividad, la inseguridad, la impunidad, el desempleo, la violencia, el abandono, la calidad de vida, la hipoteca del futuro, la deuda externa, el alto costo de la vida… Por estas razones con un movimiento asambleístico que toma fuerza a nivel nacional, y con acciones de protesta salimos a defender nuestro país, donde en manos del régimen fascista se muere la juventud por expresar su rebeldía contra los enchufados asesinos que le temen al clamor popular.

No es momento de apaciguar la lucha, con esto no llamamos a la violencia sino a la resistencia. La salida de Maduro es posible solo si nosotros, la juventud, se incorpora a concienciar, volante tras volante, consigna tras idea, asamblea tras debate, valentía tras coraje, q rebelarse y hacer valer su fuerza.

Si no hacemos nada, si no nos rebelamos tras las condiciones de vida que nos pretende instaurar el gobierno nacional en los últimos 4 años, estamos destinados al olvido. Debemos convertir cada barrio, cada esquina, cada universidad, cada sector  popular en una trinchera de lucha de fuerza de esperanza, que cada caído no sea olvidado, levantemos sus banderas.

LE decimos a Maduro: usted no condiciona, ni condicionará jamás el clamor popular de la protesta pacífica. Venezuela necesita cambios, que la muerte no se haga de nuestro coraje. Lamentamos con una profunda tristeza pero con un compromiso mayor de lucha y optimismo la muerte de cada caído en la lucha por la democracia de nuestro país, sus muertes no serán en vano de eso estamos seguros.

Por una sociedad más justa, por un país industrializado, donde se respete la disidencia, donde la Universidad goce de autonomía y donde el futuro sea de progreso y de  bienestar los invitamos a incorporarse.

Fabricio Briceño
Sec. General Adj. Nacional Juventud Bandera Roja

Carlos Javier Arencibia
Miembro de la Dirección Nacional Juventud Bandera Roja

jueves, 23 de enero de 2014

BANDERA ROJA CONMEMORA SUS 44 AÑOS LLAMANDO AL PUEBLO A CONSTITUYENTE URGE UN CAMBIO POLÍTICO EN VENEZUELA… UNA REBELIÓN DEMOCRÁTICA DEL PUEBLO



El fracaso de 15 años de gestión gubernamental ―marcados por desaciertos, engaño, populismo, corrupción y despotismo― se manifiesta abiertamente en toda su ruindad en este año que apenas comienza con una crisis económica, social y política que no puede ser escondida con discursos manipuladores ni siquiera con la ayuda colaboracionista de viejas y nuevas castas politiqueras.

Las ofertas y las promesas de sustituir una democracia desvencijada por una «participativa, protagónica y de justicia social» nada tienen que ver con una realidad en la cual el gobierno arrincona, reprime y subyuga a las organizaciones populares realmente autónomas, creando un supuesto «poder popular» ficticio, adocenado y controlado desde Miraflores, que niega la representatividad a los verdaderos luchadores populares, sindicales, estudiantiles, comunitarios, intelectuales y campesinos. Nada tienen que ver con las restricciones impuestas desde el gobierno a las libertades de opinión, organización y manifestación. Nada tienen que ver con la negación del poder ciudadano, pues cada día es más evidente que el estamento militar tiene la primacía en los asuntos propiamente civiles, pero ni siquiera eso ha frenado el ascenso de la inseguridad, el crimen y la delincuencia contra toda la sociedad. Ni tampoco dichas ofertas democratizadoras tienen nada que ver con un sistema electoral completamente parcializado, que niega la proporcionalidad y la participación de las minorías, permite el superventajismo del gobierno, estructura  la base electoral para favorecer al oficialismo y no le pone coto a los desmanes contra la propia ley electoral y contra principios constitucionales.

Nos ofrecieron desarrollo económico y dilapidaron una fortuna que sobrepasa largamente el millón de millones de dólares para hacernos cada día más dependientes, más vulnerables y menos soberanos. Han destruido la ya menguada infraestructura económica e industrial provocando que más de 70 por ciento de nuestros alimentos provengan de la importación. Destruyeron las empresas básicas de Guayana, invadieron y expropiaron empresas productivas, industriales y agrícolas, para llevarlas a la quiebra y la inutilidad. Convirtieron a PDVSA en una caja negra para financiar sus aspiraciones de perpetuarse en el poder, mientras la degradaban en sus capacidades propiamente productivas. Desmejoraron sensiblemente todos los servicios básicos de electricidad, vialidad y urbanismo, mientras dilapidaban el tan publicitado gasto social en planes asistencialistas que, en vez de atacar las raíces de los problemas, eran concebidos como formas de controlar a la población y de obligarla mediante el chantaje y la discriminación a apoyar sus fórmulas electorales. El desabastecimiento, la carestía y el alto costo de la vida, la elevada inflación y la destrucción de la capacidad adquisitiva de salarios, sueldos y pensiones, junto con la falta de empleo estable, productivo y sustentable, son muestras más que evidentes de que se ha levantado una economía para el derroche, la especulación, la corrupción y la lumpenización.

La agudización de la crisis nos muestra que ya dejó de ser coyuntural, para convertirse en la posibilidad cierta de una verdadera hecatombe que trastoque las estructuras de toda la República. Las aspiraciones muy sentidas del pueblo venezolano de que se produzca un cambio en un sentido de progreso,desarrollo y justicia social vuelven a estar en primer plano. Quienes creyeron en las ofertas y promesas de 1998, 2003, 2006 y 2012 hechas por el fallecido Hugo Chávez hoy sienten en carne propia el engaño del cual fueron objeto. En el lapso de un año el gobierno de Maduro ha demostrado que se puede ir peor, que se puede destruir más, que se puede llegar a un más alto grado de irresponsabilidad política, pues todo lo hacen con el único fin de permanecer en el poder a como dé lugar, sin importar ni preocuparse de que sus desmedidas ambiciones puedan conducir a un despeñadero a todo el país, a una abierta dictadura militar o aconfrontaciones violentas entre venezolanos de imprevisibles consecuencias. Este no es un gobierno basado en un compromiso para hacer avanzar un programa social, sino un pacto de mafias políticas y económicas, una alianza de camarillas para seguir expoliando los recursos nacionales y seguir enriqueciendo a viejas y nuevas oligarquías.

Ante este momento tan crucial para nuestro país, Bandera Roja se aparta de cualquier propuesta que signifique colaborar para que continúe este desastre. Pero también se aparta de ideas aventureras, que lleven a la anarquía o que alienten golpes militares. Creemos que son tiempos de convocar al pueblo constituyente, pues es en él donde reside el poder originario de nuestra República y es a él a quien compete escoger el mejor camino en esta encrucijada histórica. Es con una Asamblea Constituyente como podremos democrática y pacíficamente señalar una nueva esperanza, un nuevo camino para nuestra institucionalidad, para nuestra economía y para nuestra sociedad. Sin discriminaciones, sin autoritarismos, sin exclusiones, buscando reafirmar un nuevo pacto social que haga renacer la esperanza a los venezolanos defraudados de que podemos reconstruir unitariamente nuestra patria, donde todos podemos colocar nuestro aporte en una suma de intereses basada en un verdadero rescate de nuestra soberanía y afianzamiento de nuestra independencia, en un desarrollo económico que nos haga trascender de esta economía rentista a una sociedad de productores libremente asociados y en una nueva distribución de la riqueza que favorezca a los trabajadores, a los pobres y a toda la ciudadanía. Salir de esta democracia de élites para construir una democracia de ciudadanos libres con suficiente espacio para el desarrollo de nuestros derechos y con la necesaria responsabilidad para asumir nuestros deberes colectivos.
«La política no es para vivir de ella sino para que sirva al bien común».

 Esta máxima tan vieja cobra hoy más vigencia que nunca en nuestro país, ante la degradación de tantas organizaciones y dirigentes políticos y sociales. Convocamos a las organizaciones partidistas, a sus dirigentes y a sus bases, a las organizaciones sindicales, comunitarias, estudiantiles, gremiales y no gubernamentales, a los intelectuales, a las academias, al campesinado y a todos los trabajadores, al pueblo en su conjunto a luchar para construir la fuerza social que hará posibles los cambios que exige nuestra patria. Bandera Roja se pone al frente en esta cruzada que ya muchos venezolanos han advertido como posible y como adecuada al momento actual. Solo un gran movimiento asambleístico que venga de la base de la sociedad podrá tener la fuerza suficiente para exigir y para imponer el camino democrático, plural e inclusivo que significa el desarrollo de una Asamblea Constituyente.

¡La rebelión democrática del pueblo abre los caminos!

 Bandera Roja / Enero de 2014

viernes, 9 de marzo de 2012

Jóvenes… es tiempo de rebelarnos

Un nuevo país nos toca construir

Desde 1998 Venezuela vive un proceso que ha cambiado la sociedad y al pueblo venezolano, pero no en el sentido de responder a sus necesidades de desarrollo, progreso y bienestar, sino para convertirlo en presa de uno de los más grandes engaños de la historia. Este “proceso” olvidó cuál era el objetivo, perdió el rumbo ―suponiendo que en algún momento lo tuvo― y simplemente dividió al país en dos bandos, agotando su autodenominación de “revolucionario” en un continuismo generalizado que dio cauce a una especie de neobipartidismo entre azules y rojos que ha convertido la supuesta “revolución” en menos que un revolcón de conceptos que a muchos confundió e hizo perder el rumbo.

Nueve años después, en 2007, la juventud venezolana asume el rol protagónico planteándose la lucha por un país libre, democrático y de reconciliación nacional, un país de justicia social, pluralismo y amplitud. El crimen de los hermanos Faddoul y la masacre de Keneddy detonaron la rabia juvenil y luego, con gran incidencia de los medios, la amenaza de cierre de RCTV y la vulneración del derecho a la libertad de expresión despertaron la euforia de una juventud que llevaba años silenciada por la mezquindad y la falta de perspectiva de algunos partidos del estatus, opositores y oficialistas. Así resurge un renovado movimiento estudiantil, liderando una contienda política ―contra la reforma anticonstitucional― y demostrando al país que la participación de todos los factores es necesaria para la búsqueda del bien común y que esa participación desde abajo es indispensable para la defensa de los derechos y libertades individuales y colectivos. Militantes partidistas, independientes, jóvenes de las universidades, de educación media, trabajadores, muchachos de los barrios asumieron el protagonismo sin mezquindad y el pueblo se sintió identificado con esa gesta libertaria.

Rescatamos este fragmento de historia para dar pie a la propuesta que hoy hacemos al país. Esa juventud se ha transformado y desde las bases clama por una mayor participación protagónica de cada uno de sus dirigentes, pide a gritos un camino ideológico y político y por sobre todo un rumbo hacia dónde dirigir la lucha en la nueva década de esta falsa revolución. El eclecticismo y el apartidismo ―vendidos como remedios posmodernos― lo que han hecho es truncar el avance político de la juventud venezolana, impidiendo que la renovación ética y el refrescamiento del ideario político ocuparan un mayor espacio dentro del escenario político nacional.

Entendemos perfectamente que la palabra “unidad” no está referida, ni debería estarlo, sólo a los procesos electorales, ni mucho menos a discursos altisonantes. La unidad debe presentarse en cada una de las luchas que emprende el pueblo por sus derechos, la unidad está garantizada si se construye desde abajo, si se comulga con un objetivo general. Frente a una manera de hacer política que ha devenido en autoritarismo despótico, pragmatismo que mata los idearios, preponderancia de cogollos y cenáculos aislados de los intereses de las mayorías ―cuestiones características del oficialismo pero también presentes en instancias opositoras―, proponemos construir una gran fuerza juvenil que contribuya a generar una genuina alternativa de liderazgo que devuelva la esperanza al pueblo venezolano.

Congregamos voluntades juveniles de todo el país ―universidades autónomas, universidades experimentales, institutos tecnológicos, colegios universitarios, educación media y jóvenes trabajadores― en una juventud amplia y plural, con un gran sentido de abnegación y de compromiso patrio, donde azul y rojo convergen para crear el matiz nacional de una verdadera revolución democrática y del pueblo.

Proyecto Juventud / UJR - Bandera Roja


La UJR es una organización para la formación de jóvenes comunistas, para la formación en el marxismo leninismo, y esto no es sólo una declaración. El ser una organización de este carácter, implica un compromiso con los intereses de la clase obrera y con nuestro partido, pero así mismo implica una manera y forma de actuar frente a los problemas políticos de la juventud y del pueblo venezolano.

Ciertamente la UJR tiene como misión el incorporar a la juventud a la lucha por la liberación de las cadenas de la esclavitud capitalista, pero esta incorporación se hace en medio de una sociedad que aliena profusamente el pensamiento y la conducta de la juventud. Ello nos obliga a ser una escuela de formación permanente, en la que jóvenes organizados y organizadas van a despertar a las ideas revolucionarias y comunistas sobre las bases de la formación teórica y práctica.

Ello no implica la rigidez y el dogmatismo de la formación tradicional y escolástica. La UJR es una organización que entiende y asume las formas y maneras en las que la juventud se expresa, en la que actúa y en las que está dispuesta a organizarse y a formarse.

Venezuela particularmente es una sociedad joven. La mitad de la población se encuentra por debajo de los 28 años y esto implica, proporcionalmente, que siendo un país con índices de pobreza y exclusión por los bordes del 80%, tenemos que la juventud en su mayoría excluida u obligada a dedicarse al trabajo, directo o indirecto, en terribles condiciones de trabajo como las que ahora proliferan con los MacJob, la economía informal, entre otras modalidades de explotación hasta los “nuevos modelos” (viejos por demás) de flexibilización laboral.

Por otra parte, la población joven que ha logrado entrar al sistema educativo, también le dedica, en un alto porcentaje, parte de su juventud al trabajo en función de la sobrevivencia, lo que los desvincula de la cotidianidad de la formación. Esto es, que desde los y las bachilleres, que en altos índices deben abandonar los estudios por las necesidades de trabajo, hasta las y los universitarios que se ven obligados a trabajar en áreas distintas a las de su área de estudios. El tiempo de dedicación a la formación está, cuando más, dedicado al área en la que pretenden especializarse y no a la formación integral de un individuo libre, y a la combinación de la formación y el trabajo en función de la especialización y la práctica profesional.

Con ello tenemos que la juventud ciertamente viene en un proceso descendente de posibilidades de organización política o hasta de otro tipo de vinculaciones dentro de la formación no formal. La participación de la juventud en asuntos distintos a la de la sobrevivencia es un hecho concreto al que la UJR atiende y debe atender desde su estructura organizativa, hasta su activismo y participación política.

Se trata de que la UJR asume las condiciones reales de la juventud, y adapta su estructura organizativa a las posibilidades objetivas en la que la juventud está dispuesta a participar. Ello no significa que la UJR disminuye o doblega su activismo, ya que lo que en adelante expondremos expresa justamente lo contrario, pero sí implica que las formas y modos (métodos y estilos) organizativos y de activismo que deben regir a la UJR, deben adecuarse a las condiciones y posibilidades de la juventud, sin que ello implique que la juventud deje de luchar y combatir por los intereses de la clase que ha asumido como suyos, y contra los que justamente la mantienen en estas condiciones.