1.- Origen
de la autonomía. Industria y autonomía. Libertad para el desarrollo de las
ciencias naturales.
El origen y
desarrollo histórico de la autonomía universitaria los asumimos como un
requerimiento para el avance de las fuerzas productivas, expresado en el progreso
de las ciencias naturales, de la astronomía, las matemáticas, más allá, o
haciendo a un lado la cuestión etimológica y su abordaje desde la perspectiva
de las ciencias de la psicología. Es lógico suponer que el desarrollo de las
ciencias supone perspectivas filosóficas diferentes a las implantadas por la
dogmática religiosa, o de cualquier índole, cuya realización crea condiciones
que abren las perspectivas de una subjetividad proclive al desarrollo
científico y de su aplicación para la creación de medios de producción e
instrumentos de trabajo que han contribuido cada vez más con la productividad
del trabajo y, por ende, con la producción y realización de la plusvalía
relativa, principalmente.
Así, su
permanencia y vigencia en condiciones del capitalismo es tal en tanto es requisito
de este campo científico de cara al desarrollo industrial. Dicho de manera más
general, la autonomía universitaria, ese medio que permite la libertad de
pensamiento para el encuentro de la verdad, está sujeta al desarrollo de las
fuerzas productivas materiales inscritas dentro de procesos industriales. Esta
demanda por establecer un espacio que garantice la libertad del pensamiento, de
las ideas, de la filosofía, de la interpretación del mundo en función de
garantizar la aplicación de principios que conduzcan a innovaciones científico
tecnológicas, supone enfrentar la escolástica cristiana, cuando nos referimos a
sus orígenes en el llamado mundo occidental. Giordano Bruno (Filippo Bruno, Italia, 1548-1600), ese mártir del pensamiento, quien
no claudicó frente a la escolástica y por ello fue lanzado a la hoguera, es el
emblema que representa esta confrontación. A su vez, Leonardo Da Vinci (1452- 1519)
representa la realización de la libertad de pensamiento, sólo que las épocas de
uno y otro estuvieron cruzadas por circunstancias opuestas, mientras el primero
padeció la inquisición, Leonardo disfrutó del renacimiento.
Mientras la
ideología hegemónica de las clases dominantes no encuentra mayor resistencia en
las sociedades capitalistas y, por ende, en sus centros de estudio, la
autonomía ciertamente abarca de manera muy amplia todos los campos de las
ciencias, el saber, la cultura y las artes. Sin embargo, en el momento en el
cual las ideas subversivas, que no sólo logran determinar el curso de los
acontecimientos sociales de manera científica, sino que, igualmente presentan
una perspectiva diferente al orden imperante, esto es, presentan como
alternativa un proyecto que plantea nuevas relaciones sociales de producción,
la autonomía, el libre encuentro de las distintas corrientes del pensamiento, se
enfrenta a limitaciones que impiden su plena realización. Eso es lo que explica que la autonomía, con
base en las demandas del capital, puede llegar a ser plena de cara al avance de
las ciencias naturales, pero no para el caso de las ciencias históricas.
Así, junto a las
primeras universidades, que surgen en los nacientes Estados nacionales,
encontramos una autonomía universitaria insipiente pero llena de los principios
que aún tienen vigencia. Junto a estos principios, fundamentalmente el de la
libertad de pensamiento, se van creando condiciones para el desarrollo de la
industria. A su vez, las ideas mercantilistas, van parejas a estos desarrollos,
así como al de la libertad de pensamiento. Así como el derruir las fronteras
feudales pasaba, en primera instancia, por la ampliación del mercado exterior
por encima de los mercados interiores, la libertad de pensamiento, que
permitiera enfrentar las ideas escolásticas que reprimían el desarrollo de
teorías fundantes de las ciencias modernas, de las ciencias naturales, era una
necesidad impostergable para la pujante y naciente industria y con ello de la
burguesía que daba sus primeros pasos como clase social en sí y para sí, con el
corsé que supones las relaciones enfeudadas. Es así como las primeras
corrientes autonomistas, que las encontramos en el corazón de la Europa
medieval, en Francia, Bolonia, entre otras, se desarrollan y cristalizan al
lado de las ideas económicas que amplían el horizonte del mercado hasta
configurar su carácter mundial.
En definitiva, el
capitalismo en ciernes, más bien, el desarrollo de las formas primitivas de la
industrialización, en el marco del proceso de acumulación originaria de
capitales, uno de cuyos resultados fue el cisma de la iglesia católica
apostólica y romana, demanda de manera pujante e indetenible el desarrollo de
la ciencia y su aplicación en tanto innovaciones científico técnicas.