A escasos días
para el evento electoral más importante de los últimos años, nos encontramos en un punto en
el cual afloran los rumores, críticas, descalificaciones, consignas e incluso
hasta esperanzas y sueños.
Todo tipo de
escenario se nos viene a la cabeza, todo tipo de motivo o razón se desenvuelve
en nuestro subconsciente y nos dicen a cual candidato seguir y a cual no, pero
sobretodo, el porqué.
Es una tarea
difícil, más que todo para esta masa que es la juventud, quienes además
llevamos a cuestas el peso de “ser” el futuro, -ó es que acaso no han escuchado
más de una vez por parte de alguien con destellos plateados en el cabello decir
“ustedes los jóvenes son el futuro”- decidir eso exactamente, cómo será nuestro
futuro y quién será la persona qué lleve las riendas del ejecutivo en los años
venideros.
Pero detengámonos
un momento a analizar ¿Cómo está la juventud hoy en día?, ¿Cuál es nuestra realidad?. En primer lugar, no creo que sea muy fácil comparar con épocas
anteriores, para una generación que escasamente ha visto, con conocimiento de
causa, a un presidente tomar el poder, a una generación que ha vivido 14 años
bajo un solo modelo que se hace llamar socialista pero que representa lo peor del modelo capitalista y autoritario, donde vemos y escuchamos a
diario denuncias sobre los peores casos de corrupción y simplemente no pasa
nada, donde la impunidad parece ser una tarea más del sistema judicial. Y es
que pareciera que estamos acostumbrados a esperar el periódico del domingo para
ver cuántos paisanos cayeron esa semana a manos del hampa ó para ver en cuánto
aumentó la inflación ese mes.


